Lies

A scream for love.
We long for days gone by,
staring from the corner
of our own existence.
Everything remains the same,
I’m not quite sane.
I love the game of fear.
The gear of time keeps moving,
would’ve been yours
so many years ago.
Abandoning all hope,
begin a journey with a smile.
Stab a heart and feel it.
Does it feel right?
Feel the fear, the shattering within.
Let’s see what’s next.
Persist, remain, don’t leave.
The sanity is near.
Though broken hearts are heard above
All the noise we make.
Tell them stories about never ending love,
Fool them as you know,
fill them with lies and nonsense.
Feed them with blind hopes.
The reason we love lies in lies.
Your lies,
my lies,
we love each others lies.

Game of balls

Yesterday, in Spain (all over the world, also) millions or women marched for their rights. There was also a “very important” football game between two national teams. A lot of men mocked women marching, still they went to celebrate their team victory… oh irony.
Arousing tiredness arising

Selfconcious national pride

I play my games in the corner

And no one’s applausing…

March foward, march back

Give them their national crack

In March we gather in tides

Slamming walls in their mind, side by side

In the streets, on the roads we trace tracks

For the ones who are lost praising balls

La psicología de la culpabilización de la víctima (“The psychology of victim blaming”, Kayleigh Roberts)

Artículo originalmente escrito por Kayleigh RobertsThe Atlantic.

Traducido por Anja Vladimirsdóttir.

http://www.theatlantic.com/science/archive/2016/10/the-psychology-of-victim-blaming/502661/

Cuando la gente quiere creer que el mundo es justo y que no les pueden pasar nada malo, la empatía sufre.

En agosto, el comediante y antiguamente escritor de Inside Amy Schumer (‘Dentro de Amy Schumer‘) Kurtz Metzger,volvió a encender debate nacional sobre la culpabilización de las víctimas al escribir varias publicaciones en redes sociales, a modo de protesta, donde criticaba la manera en la que las mujeres declaran ser víctimas de un delito y los efectos de esas declaraciones sobre los acusados. Tras la inhabilitación de un artista del teatro Upright Citizens Brigade, a raíz de haber sido acusado por varias mujeres de asalto sexual y abusos, Metzger llevó el tema a Facebook.

“Lo sé porque lo dijeron mujeres y es todo lo que necesito. Ni se molesten por saber quiénes son. Son mujeres! TODAS las mujeres son tan fiables como mi biblia. Un libro que, al igual que las mujeres, es incapaz de mentir!” escribió Metzger en una publicación de Facebook ya borrada. Siguió para supuestamente criticar a las mujeres por no acudir a la policía, añadiendo “Si además les pedimos que publiquen al menos un vago relato de los hechos antes de pedir que les creamos eso sería como volver a violar su violación!”.

La antigua jefa de Metzger y una feminista declarada, Amy Schumer, fue inevitablemente arrastrada por una avalancha de comentarios y protestas que vinieron a continuación. Schumer denunció públicamente los comentarios de Metzger, twiteando “Estoy tan entristecida y decepcionada con Kurtz Metzger. Es mi amigo y un gran escritor, no podría estar más en contra de sus recientes acciones”.

La culpabilización de las víctimas (victim-blaming) existe en muchas formas, a menudo mucho más sutiles e inconscientes que la diatriba de Metzger. Puede ser aplicada a casos de violaciones y asaltos sexuales, pero son aplicables también a crímenes más mundanos, como cuando una persona cae víctima de un carterista y es criticada por su decisión de llevar la cartera en el bolsillo trasero.  Siempre que alguien pregunta directamente qué es lo que la víctima podría haber hecho diferente para prevenir un crimen, él o ella participan, en cierto grado, en la cultura de victim-blaming. Mientras que victim-blaming  no es completamente universal (la experiencia de algunos individuos, su trasfondo y su cultura los hacen menos  propensos a culpabilizar a la víctima), de algún modo, es una reacción psicológica natural ante el crimen. No todo aquel que se involucra en victim-blaming acusa explícitamente  a alguien de no haber podido evitar lo que le pasó. De hecho, en  sus formas más minimizadas, la gente a veces no es consciente de ello. A veces algo tan simple como haber escuchado acerca de un crimen cometido y haber pensado que hubieras sido mucho más prudente si estuvieras en el lugar de la víctima es una forma leve de victim-blaming. 

“Creo que el mayor factor que promueve victim-blaming es algo llamado la hipótesis de un mundo justo”, dice Sherry Hamby, profesora de psicología en la  Universidad del Sur (Carolina del Sur, Estados Unidos) y  editora fundadora de la revista Psychology of Violence (‘Psicología de la Violencia‘) de APA (American Psichological Association, Asociación Psicológica de América). “Proviene de la idea de que las personas se merecen lo que les sucede. Existe simplemente una fuerte necesidad de creer que todos nos merecemos lo que obtenemos”.

Hamby explica que este deseo de ver el mundo tan justo e imparcial puede ser todavía más fuerte entre los americanos, que son criados en una cultura que promueve el “sueño americano” y la idea de que todos controlamos nuestro propio destino.

“En otras culturas, donde a veces a causa de guerras o pobreza o incluso a veces a causa de un fuerte sentido de fatalismo dentro de la cultura, es mucho más fácil que se reconozca que a veces pasan cosas malas a gente buena”, dice. “Pero en general, a los americanos les cuesta mucho hacerse a la idea de que cosas malas pasan a la gente buena”.

Responsabilizar a las víctimas de sus desgracias es en parte una manera de evitar admitir que algo tan impensable te podría pasar a ti – incluso si lo haces todo “correctamente”.

Mientras que victim-blaming hace pensar en delitos tales como asalto sexual y violencia doméstica, eso ocurre en todos los ámbitos, explica Barbara Gilin, una profesora de trabajos sociales en Widener University (Wilmington, Delaware, Estados Unidos). Asesinatos, robos, secuestros, cualquiera que sea el delito, mucha gente tiende, por defecto, a tener pensamientos y actos de victim-blaming como un mecanismo de defensa en vista de malas noticias. Gilin puntualiza que, mientras que la gente tiende a la capacidad de aceptar los desastres naturales como algo inevitable, muchos sienten que tienen algo más de control cuando se trata de convertirse en víctimas de crímenes, que pueden tomar precauciones para protegerse. Por eso a algunas personas les cuesta aceptar que las víctimas de esos crímenes no contribuyeron (y que no fueron responsables de alguna forma) a su propia victimización.

“En mi experiencia, al haber trabajado con muchas víctimas y gente que las rodea, la gente culpa a las víctimas para poder seguir sintiéndose a salvo”, explica Gilin. “Creo que les ayuda pensar que a ellos nunca les pasará nada malo. Pueden seguir sintiéndose seguros. Por supuesto que debe existir una razón para que asaltaran a la criatura de los vecinos y eso nunca les pasará a sus propios hijos porque los otros padres probablemente hicieron algo mal”.

Hamby añade que incluso las personas más bienintencionadas a veces contribuyen a victim-blaming, personas tales como terapeutas que trabajan en programas de prevención, donde se dan recomendaciones a las mujeres sobre cómo ser precavidas y evitar llegar a ser víctimas de un crimen.

“Lo más seguro que podrías hacer sería no salir nunca de tu casa porque de esa manera habría muchas menos posibilidades de convertirse en víctima”, dice. “No creo que la gente haya hecho un buen trabajo sopesándolo ni intentando encontrar cuáles son los límites de responsabilidad de las personas a la hora de evitar el crimen”.

Laura Niemi, asociada postdoctorada en psicología  de la Universidad de Harvard, y Liane Young, profesora de psicología en Boston College, han estado llevando a cabo una investigación que esperan que aborde de pleno el fenómeno de victim-blaming. Este verano publicaron sus hallazgos en Personality and Social Psychology Bulletin (‘Boletín de Personalidad y Psicología Social’).

La investigación, en la que se implicaron 994 participantes y hubieron cuatro estudios separados, llevó a varios hallazgos importantes. Para empezar, notaron que los valores morales juegan un gran rol en determinar la propensión de alguien a culpabilizar a  la víctima, tachándola de “contaminada” en vez de “herida”, y de ese modo estigmatizando más a la persona por haber sido víctima de un crimen . Niemi y Young identificaron dos grupos principales de valores morales: valores de unión y valores de individualización. Mientras que todo el mundo tiene una mezcla de ambos, gente que muestra unos valores de unión más fuertes tiende a favorecer más a la protección de un grupo o de los intereses de un equipo como unidad, en cambio la gente que muestra unos fuertes valores de individualización se centran más en la justicia y prevención del daño a un individuo.

Niemi explica que una mayor adhesión a los valores de unión ha predicho de manera fiable las actitudes estigmatizantes hacia las víctimas, en el contexto de delitos tanto sexuales como no sexuales. Gente que se declinó más por los valores de unión se inclinaba más a ver a las víctimas como culpables, mientras que la gente que se declinó por los valores de individualización tenía más posibilidades de empatizar con las víctimas.

En otro estudio, Niemi y Young entregaron unas viñietas a los participantes, en las que se describían crímenes hipotéticos, tales como “Lisa fue abordada por Dan en una fiesta. Dan le dio a Lisa una bebida adulterada con Rohypnol. Más tarde esa noche, Lisa fue asaltada por Dan”. Se preguntó a los participantes acerca de los cambios que harían sobre los hechos para llegar a un desenlace distinto.

Como era de esperar, los participante que mostraron unos valores de unión más fuertes eran más propensos a asignar responsabilidad por el crimen a las víctimas o a sugerir acciones que las víctimas podrían haber tomado para cambiar el desenlace. Las personas que mostraron unos fuertes valores de individualización tendían a hacer lo contrario. Pero cuando las investigadoras manipularon el lenguaje de las viñetas, se toparon con algo interesante.

Niemi y Young manipularon la estructura de las frases en las viñetas, cambiando quién era el sujeto de la mayoría de las frases, la víctima o el perpetrador. A algunos grupos les fueron entregadas las viñietas con la víctima en posición de sujeto (ej.:” Lisa fue abordada por Dan”) y a los otros les fueron entregadas las viñetas con el perpetrador en posición de sujeto (ej.:”Dan se acercó a Lisa”). Cuando el perpetrador era el sujeto de la frase, “las quejas culpabilizando a la víctima y sobre la responsabilidad de la víctima bajaron significativamente”, dice Niemi. “Y cuando preguntamos explícitamente cómo se podría haber llegado a un final distinto y les entregamos un recuadro de texto en blanco para que pudieran rellenarlo con lo que quisieran, sus menciones previas sobre los actos de la víctima, cosas como ‘Oh, ella podría haber parado un taxi’, disminuyeron. Así que, de hecho, les costó bastante sugerir lo que la víctima podría haber hecho y se centraron menos en el comportamiento de la víctima en general. Esto sugiere que la manera en la que presentamos esos casos por escrito puede cambiar lo que la gente piensa sobre las víctimas.

Mientras Gilin destaca que la gente puede ser más propensa a simpatizar con las víctima que conocen bien, leer acerca de los crímenes reportados en los medios de comunicación puede, a veces, incrementar la tendencia a culpabilizar a la víctima. Las personas sobre las que la gente lee en los medios suelen ser unos desconocidos, y aquellas historias pueden desencadenar esa disonancia cognitiva entre la arraigada idea de un mundo justo y la clara evidencia de que la vida no siempre es justa. Es más, si la noticia se centra en la experiencia y la historia de la víctima, incluso en un tono empático, la investigación de Niemi y Young sugiere que podría incrementar la posibilidad de victim-blaming.  Sin embargo, las historias que se centran más en el perpetrador del crimen tienden a disminuir esa reacción.

“Es un hallazgo interesante ya que sugiere que queremos ser empáticos y centrarnos en las víctimas y derramar nuestra compasión, pero quizás eso podría llevar a centrarnos tanto en la víctima y lo que esa podría haber hecho, que de hecho nos olvidamos de centrarnos en las acciones de los perpetradores [y lo que ellos] potencialmente podrían haber hecho diferente”, comenta Niemi.

En su esencia, victim-blaming  podría derivarse de una falta de empatía hacia las víctimas y una reacción ante el miedo desencadenada por el impulso de supervivencia humana. Esa reacción ante el miedo en particular puede ser muy difícil de controlar para algunas personas. Es posible reentrenar ese instinto, pero no es tan fácil. Gilin hace énfasis tanto en el entrenamiento de la empatía como en abrir la mente para ver (o al menos intentar ver) el mundo desde otra perspectiva que no sea la propia, acciones que ayudan a la gente evitar caer en la especulaciones sobre lo que una víctima podría haber hecho diferente para evitar el crimen.

“Aunque, a posteriori, puedes volver y decir ‘Bueno, sabes, aquella persona era claramente una persona que deberías haber evitado’, no es lo mismo que ser capaz de decir que cualquier persona razonable hubiera sido capaz de preverlo en aquel entonces”, dice Hamby.

Niemi sugiere que llegar a la raíz del problema puede implicar replantear lo que pensamos de los perpetradores y también de las víctimas, particularmente en caso de violación. Algo que podría ser problemático es la mitificación de  la violación de tal modo que ninguna persona normal puede ser percibida como violadora”, explica. “Cuando ocurre una violación es tan horrible que la gente no puede concebir que su propio hermano o alguien a quien conoce tan bien podría ser un violador”.

Niemi explica que puede ser duro, especialmente para los seres queridos de los perpetradores, aceptar el hecho de que alguien a quien conocen tan bien y que es tan buena persona pudiera cometer un crimen que ven como algo monstruoso. En algunos casos eso puede llevar a empatizar de una manera exagerada con con los perpetradores y a centrarse en sus logros o cualidades, como pasó con la trasmisión del caso de violación en Stanford, en la que Brock Turner a veces era descrito como nadador estrella en vez de como violador acusado. Este es otro tipo de mecanismo de defensa, uno que lleva a aquellos cercanos a los perpetradores a negar o a reducir su crimen con tal de evitar tener que lidiar con el difícil proceso cognitivo de aceptar que fueron capaces de algo así.

Independientemente de lo que queramos creer, el mundo no es un lugar justo. Y eso necesita de un duro proceso cognitivo para aceptar que tanto pasan cosas malas a gente buena como que personas aparentemente normales pueden a veces hacer cosas malas.

 

 

 

 

Bloody power

How can you slpeep at night?

You might not know you are not right,

Because they fight for nothing

On your sight.

You only know your rights.

The priveleges cooked to tender every day,

You take them as an invigorating supplement.

Viagra to your brain.

The pain you give, you drain the mood

From a casual passerby, thats what we are.

We have no right to stand against and fight.

Your grip is tight.

The bloody echo in your head

Can’t get you out of bed.

What to most is a nightmare,

For you is a sweet dream of torturous delight.

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Names

withorwithoutcat

Underneath thy flesh

Names carved on the bones

Recall them, call them louder

Inside your veins

The past days moth

Times scar tissue tastes

Erasing memories of youth

Perfect black ink stains

Caffeinated reasons

Calculated treasons

Rough time for the names to exist

Calcinated mess never to persist

Drop minerals on the side road

Those names time will erode

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Fresh from the shower

Do we really own our time, our own lifespan?

Could we surely achieve what our heart aches for?

Does someone have the right to tell us there is a plan

We’ve been chosen to live, to live and to die for?

Wake up every day, put your mask on.

Does it smash your nose, scratch your face? Good.

Fix your face, fix your mind, then you are done.

Fit in the society, I think you already understood.

Take it back, your crazy drained dying brain.

You’ve got a crack in your spine, the energy is leacking

Smash your little pieces of reality, not in vain.

Find and kill all the painful story, find your track.

Dressing up, macking up, please your master.

At the end of the day , your naked soul is melted.

Take it off, all the rags, drop them down just faster.

Make it quick, just believe you are not alone in this messed up world.

Parody of life

The past revolves around our fragile lives,

A touch here, a touch there,

It destroys everything in its pass.

A matter of time is what forgetting  is about,

In circles it goes, making the matter worse.

It always brings reasons to remember what made our souls ache.

A neverending story, an echo, a distant wave of remorse.

Remember to forget, for your own sake.

Remember to forget what sent shivers down your spine,

In erotic complexity, intriguing extasy, bodies blunt edges.

Remember to forget every breath you lost in an insane psychotic rage,

Sharp emotion cutting blind intentions, sending you to the deepest

emptiness.

Forget the sickness, the name you remember so well.

It dwells in empty corners, it swells your tissues, it brings you agony.

A parody of your present life.